+34 916 225 084 info@ludiana.com

En toda Comunicación de Crisis el final es un punto imprescindible, un hito en todo proceso. El principio muchas veces lo escribe el azar de los acontecimientos: las crisis estallan de forma imprevista. Otras comienzan por hechos que no hemos sabido prever, aunque la realidad nos haya advertido con una reiteración tozuda. El COVID-19 es un buen ejemplo. La capacidad del ser humano para negar la realidad es persistente.

Comunicación de crisis, tiempos y mensajes

Tuvimos el virus en China, lo vimos paralizar las zonas más ricas de Italia. Llegó pero no se le esperaba: “apenas tendremos unos casos” dijo el experto con un tibio desdén. Y cuando aquí provocó la cancelación del Mobile World Congress, el poder político echó mano de su paranoia para afirmar que se trataba de motivos que nada tenían que ver con la salud pública. El comienzo de una crisis, por tanto, es un hecho, un suceso, un comportamiento que escapa a nuestro control. El final es, sin embargo, el momento en el que hemos recuperado del control de la situación. Un punto clave en la comunicación de crisis.

En la comunicación de crisis del COVID-19 el gobierno ha escrito el final. Pero, ¿lo ha hecho en el tiempo preciso o se ha precipitado? El 25 de mayo, apenas estrenado el pase a la fase 1 en Madrid, el gobierno compró las portadas de todos los periódicos. Comprar la primera página equivale a decir que tu mensaje es más importante que todo el resto de la realidad. Es algo que funciona el 23 de diciembre, porque ese día el cliente de la prensa piensa solo en su suerte, no en la fortuna de los demás.

La prensa publica, asabanada, la lista de los premios de la Lotería Nacional. Cabe decir que el 25 de mayo el gobierno pensó también solo en su suerte y continuidad cuando compró la primera posición de la jerarquía de la realidad para decir que “salimos más fuertes”. Lo dijo con el añadido del símbolo del hastag (#), con la pretensión de hacerlo viral. Virus contra virus.

Ilusiones y ficciones

Convendrán conmigo en que para evaluar la oportunidad o impertinencia de ese mensaje no nos sirve la última encuesta del CIS. Una encuesta que dice que la percepción mayoritaria de los españoles es que la economía va muy bien en lo más riguroso del confinamiento está invalidada. Un sondeo que pregunta a los españoles por su percepción de la economía “al margen del coronavirus”, es un juego de ilusiones y de ficciones, algo así como una peli porno proyectada en un geriátrico.

Si nos fijamos en el resto de los sondeos y barómetros, el apoyo a la gestión del gobierno ha ido bajando conforme se prolongaba el estado de alarma y se agravaban los efectos de la pandemia. El pase a la fase dos de parte de España, o a la uno en Madrid y Barcelona, solo indica que pasamos de lo malo a lo malo, de la tragedia de la infección a la del hambre.

¿Salimos más fuertes?

En la comunicación de crisis los mensajes son clave. Deben ser breves, concisos, y deben responder a la realidad. No olvidemos que la comunicación en situaciones de crisis lucha contra las percepciones, y pretende que en algún momento lo que se percibe coincida con la realidad. Con ese criterio, el mensaje “salimos más fuertes” es una afirmación extemporánea que no resiste su comparación con la realidad. Se trata de una afirmación en presente de indicativo. No es un mensaje motivacional. No llama a la movilización. No invita a cambiar una realidad trágica y alarmante. Afirma, quiere constatar, ejerce su presencia como si fuera  un notario que levanta acta.

El lector de esa “noticia comprada en primera plana” se contempla en el espejo. Ve una persona que ha perdido, quizá, algún familiar. Quizá es alguno de los que han visto morir a sus padres sin poderse despedir. Es más probable que sea alguien que ha perdido su trabajo, o ha tenido que cerrar su empresa. Es muy probable que sea un trabajador que espera cobrar el ERTE o un lector que aspira a la renta mínima sin terminar de verla publicada en el BOE. O es quizá uno de los más de cincuenta mil sanitarios contiagos de COVID-19.

Pobres y divididos

Nadie ha salido más fuerte de esta crisis. Ni siquiera como nación somos más fuertes. Salimos más pobres, y más divididos. Basta contemplar el bochornoso espectáculo de una comisión de reconstrucción llena de dirigentes políticos sin cimientos. Colocar ese mensaje en la portada de los periódicos nos costó cinco millones de euros. Los periódicos lo pusieron sin chistar, porque sus cuentas no están para despreciar una mermelada gubernamental bien cargada de azúcar.

Pero la realidad afirma tozuda que el final no ha llegado, que no salimos más fuertes, que no tenemos la mejor sanidad del mundo, y que nuestros gestores no son los mejores de occidente. En la comunicación de crisis es vital elegir los momentos para encajar los mensajes. Y esta vez el final se ha escrito nada más comenzar el segundo acto. Mirar las portadas en un kiosco cerca de una de esas filas del hambre que esperan en la puerta de las parroquias es una ironía que indica que nuestro gobierno está fuera de la realidad.

En Ludiana te mantenemos al día de las novedades en el mundo de la comunicación empresarial, y te ofrecemos herramientas para impulsar tu comunicación, sea cual sea el tamaño de tu empresa o de tu proyecto.

Share This