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 A estas alturas de la pandemia del COVID-19, cuando ya nos acercamos al mes y medio de confinamiento, podemos decantar algunas conclusiones que se perfilan con seguridad sobre el mundo que encontraremos al otro lado del virus. Es más lo que no sabemos, sin duda, pero también, creo, hemos aprendido algunas cosas que me gustaría compartir con ánimo de debate. En la isla de Robinson de cada uno, las percepciones son distintas. En este artículo quiero apuntar a lo que me parece que forma ya un consenso. Pienso en el futuro, no en la gestión que se ha hecho, sino en el día después.

No tenemos la mejor sanidad del mundo.

Lo siento, pero no es así. No hemos pasado la prueba del COVID-19. Tenemos los mejores sanitarios, pero nuestra sanidad es deficiente. La organización territorial es muy mejorable. De haber sido la mejor del mundo no estaríamos en esta situación. Hemos vivido en un espejismo, fomentado por el debate político. Porque se ha repetido siempre: “tenemos la mejor sanidad pública del mundo”. Es un eslogan político. Y es falso. Falta inversión, falta prevención, y falta organización.

Los ciudadanos han perdido la confianza en la sanidad

Y sobre todo han perdido la confianza en los hospitales. Muchas personas con síntomas han tardado en acudir al hospital por miedo al contagio. Hospital=riesgo es una equivalencia que se tendrá que borrar de la mente de los españoles. Ya está instalada.

Nos ha faltado información

Y buen asesoramiento. Los españoles nos hemos sentido perdidos en esta pandemia. Un día  se decía que no pasaba nada, a las semanas teníamos miles de muertos. Un día se desaconsejaba la mascarilla, para después prescribirla como imprescindible. Resultado: nos ha faltado información de calidad, y nos ha sobrado propaganda. La consecuencia es una profunda desconfianza hacia el discurso público sobre la pandemia del COVID-19.

No hemos utilizado la tecnología para prevenir.

Es sorprendente que en una sociedad en la que Amazon conoce nuestros hábitos y las operadoras telefónicas pueden vender sus registros para saber dónde estamos y a qué hora, dónde compramos y cuáles son nuestros hábitos, no se haya aplicado esa información a prevenir contagios. Es complejo, lo sé, pero si se quiere se puede hacer.

No hemos sabido prevenir

En todos los sentidos. Hemos abandonado la investigación en ciencia (véase entrevista con López Collazo) y el virus nos ha sorprendido sin apenas científicos de datos para aplicar la tecnología al control del virus.

No hemos protegido a los sanitarios

Supongo que en la próxima oleada de contagios tendremos la lección aprendida sobre los sanitarios. NO hemos sabido protegerles del contagio. Es duro reconocerlo, pero es la realidad. Los aplausos están muy bien pero no paran el virus. Y no podemos enviar a nuestra primera línea de ataque sin protección.

La imprescindible alianza público/privada

Otra de las grandes lecciones de esta crisis es que debemos resolver  la colaboración público-privada. Debatir a estas alturas sobre este tema provoca un profundo cansancio existencial. Las empresas privadas han hecho un gran trabajo. Sin su colaboración esto habría sido mucho peor. Proponer dejar al margen a lo privado es cortarse una mano antes de un combate.

El desprestigio deliberado de la sanidad privada

Y añado una más para la sanidad privada. Hoy, cuando se escucha decir a la administración que no saben cómo van a pagar la factura de la sanidad privada, hay que recordar que el sistema privado y sus sanitarios han hecho y están haciendo un trabajo extraordinario. Que sin ellos esto habría sido un infierno mucho más horrible y que al escuchar a algunos dirigentes políticos es como si el sacrificio de los que trabajan en la privada fuera despreciable y solo mereciera elogios quien trabaja en la pública. ¡Basta de hacer distinciones que discriminan, son injustas, y ofenden!

Imperdonable trato a los ancianos

Y una última para las residencias de ancianos. El modelo tiene grandes fallos. No hemos sabido garantizar la seguridad de los ancianos. Son los más débiles. Y son, han sido los más desprotegidos. El colapso del sistema sanitario les deja a las puertas del adiós. Un adiós solitario. Tan solo algún caso de la sanidad privada, pienso en la Clínica de Navarra, ha puesto los medios para que las familias se puedan despedir de sus mayores. Muertes en solitario, han sido un desgarro insoportable para miles de familias. El duelo debe tener, como hemos dicho en otros artículos e intervenciones, un acto nacional de despedida para todos ellos.

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