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Lo que te hace diferente es tu capacidad de comunicar, tu fuerza persuasiva, la eficacia con la que transmites ideas y emociones, tu habilidad para reunir voluntades individuales en torno a un proyecto. Por eso Ludiana ha creado una escuela de comunicación para profesionales y directivos. Le hemos llamado EL BUEN DISCURSO. Porque ese su único propósito: conseguir que tus discursos brillen, que seas capaz de conectar con tus audiencias; que esa buena comunicación multiplique el resto de tus capacidades. Nos encuentras en la web que tiene el mismo nombre. Nuestra forma de trabajar es muy práctica, y cuenta con los mejores profesionales. Nuestro acceso es fácil. Podemos organizar una clase presencial, pero también trabajamos online, gracias a la plataforma DEBAZOOM. En este texto te contamos lo que podemos hacer por tí. Estas son LAS CLAVES DE UN BUEN DISCURSO

Conócete a ti mismo

Examina tus fortalezas. Analiza tus debilidades. Piensa en tus bloqueos. Hay una parte inicial en la preparación de un discurso que consiste en conocerse a sí mismo, trabajar las propias capacidades y mejorar nuestros puntos débiles. Los equipos de El buen discurso le ayudan a salir de la zona de sombra, a mejorar la confianza y seguridad en nuestras propia fuerza de comunicación. Todos somos, por fortuna, diferentes. Hay un programa que se adapta a cada uno de nosotros, para llevarnos al siguiente nivel e iniciar un camino de mejora constante.


Conoce a tu audiencia.

¿Quiénes son? ¿Por qué han venido a escucharte? ¿Qué esperan de tu intervención? En los días previos a un discurso nos jugamos el éxito de nuestra intervención, ya sea en un comité de dirección, ante un foro de clientes, o en una conferencia ante un auditorio, en una entrevista o en un debate. Conoce a tu público. Para conseguirlo hay estrategias de éxito. Se basan en la escucha, en la percepción de los estados de ánimo, en la investigación sobre quiénes son, qué les inquieta, y cuál es el punto en común que comparten. Un buen discurso le enseña a usted a crear un nosotros compartido con su audiencia.
Las palabras, las razones, las emociones. Un buen discurso está compuesto por elementos racionales y por ingredientes sentimentales. Y hay una voz, que somos nosotros, que pronuncia ese discurso. El actor principal tiene una “autoridad” que le legitima para hablar. Y en cada caso, esa auctoritas tiene acentos que debemos tener en cuenta, porque sobre ella se basa la fortaleza de nuestra voz. El buen discurso es además, siempre, una estrategia que combina razón y emoción, y que termina con una llamada a la acción. Con esos mimbres, el orador debe conectar con su público: tiene que convencer al cerebro pero debe llegar a través en buena parte del corazón de las personas.


El lenguaje corporal, la puesta en escena.

Nuestras manos hablan, nuestros ojos dicen, nuestros gestos son portavoces del interior de nuestro cuerpo. Las manos pueden subrayar un momento esencial del discurso, y los ojos pueden establecer una conexión potente con el auditorio en el momento central de nuestra intervención, justo ahí, cuando vamos a pronunciar la frase central de nuestro mensaje. Trabajar el gesto, la puesta en escena, el dominio del espacio en el que se habla, saber captar la atención con la palabra, o con el silencio, es la clave que diferencia un buen discurso.


El dominio del tiempo, del tono, del timbre, de la emoción.

El buen discurso es un verbo que tiene música, una palabra que busca el ritmo. Repase los grandes discursos de los grandes oradores. Todos tienen zonas donde el ritmo crece, y como un tamtam marca con golpes de percusión la reiteración de palabras con las que se busca llegar, ser recordado, fijar el tono y los términos en la mente de las audiencias, convencer, persuadir, emocionar. Ninguno de esos oradores nació aprendido. Algunos tuvieron una juventud de retórica torpe y atropellada como Churchill, un orador vacilante que trabajó su oratoria hasta sus últimos días.


El debate, la entrevista, las presentaciones.

Si tus presentaciones no tienen la fuerza que buscas en ellas para dejar una buena impresión en tu auditorio no es que no seas capaz, es que no has trabajado con el equipo de El buen discurso. Conocer los secretos de una presentación eficaz te llevará poco tiempo y te cambiará la vida. Saber lo que quieres decir, preparar una estrategia, limpiar lo que sobra cuando tenemos le intervención preparada, y estar listo para las preguntas que nos van a formular, significa llegar al lugar del discurso con una confianza suficiente como para transmitir seguridad y control, conocimiento y profesionalidad. Preparar una entrevista, de la naturaleza que sea, es la garantía de que vamos a conseguir lo que queremos


Porque, no lo olvide, el mejor orador es aquel que consigue lo que quiere con la palabra. En Ludiana te mantenemos al día de las novedades en comunicación, márketing, gestión de crisis, y diseño web estratégico.

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