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Todo lo que dices comunica. Y todo lo que haces, también es comunicación.

A la hora de dar un mensaje, tanto si es ante un amplio público como si se trata de una comunicación privada, no solo entran en juego las palabras escogidas. Hay muchos más elementos que comunican de igual forma, como son la expresión corporal, los ojos, la actitud, el tono, la intensidad de la voz o incluso el sentido del humor que pongamos en la comunicación. Todo esto participa en el mensaje y forma parte de él, por eso, es muy importante entender tanto la comunicación verbal como la no verbal como un todo. Un conjunto que debe complementarse, nunca contradecirse.

En cualquier acto de comunicación que vayas a llevar a cabo, ten en cuenta los distintos factores que intervienen, y que de ellos dependerá la mejora o el fracaso de nuestro acto comunicativo:

Lenguaje no verbal y confianza

Para que la credibilidad del emisor, y, por lo tanto, del mensaje, se mantengan, es muy importante que nuestras palabras y nuestros gestos digan lo mismo. Si nos encontramos en una situación en la que un emisor dice una cosa y su corporalidad envía el mensaje contrario, el riesgo de generar desconfianza en el receptor del mensaje es muy alto. De ahí que siempre debamos trabajar el discurso no solo desde la ideas que expresamos con palabras, también contando con nuestra voz y nuestro cuerpo para que refuercen las ideas que queremos transmitir.

Credibilidad

Para que nuestro mensaje consiga su objetivo debe ser creíble. Y la mejor forma de crear esa credibilidad en quien nos escucha es siendo auténticos y poniendo parte de nosotros mismos en el acto de comunicar.

La autenticidad siempre está ligada a nuestra propia vida. Por lo tanto, si lo que queremos es transmitir verdad en nuestro discurso, no hay mejor consejo que contar algo que hayamos vivido.

Para quien nos escuche, oír la propia vida de quien nos está contando algo le hace conectar con nosotros. Al contrario, si optamos por contar algo que no hemos vivido, transmitimos a nuestra audiencia falta de credibilidad.

Intensidad

Tal y como hemos explicado al comienzo de este post, la intensidad y la energía de nuestro discurso tienen tanta importancia como las palabras que escogemos para comunicarlo. La emoción que pongamos en nuestra exposición será la que llegue a nuestros oyentes y debe complementarse con palabras que apoyen esa emoción que queremos transmitir. Es decir, si estamos dando un discurso positivo, nuestra comunicación será intensa y las palabras que utilicemos serán evocadoras y de carga positiva. No utilizaremos emociones negativas ni un tono neutro que no acompañe lo que queremos decir.

Si repasamos todas estas claves, podemos concluir que cada uno de nuestros mensajes tiene parte de lo que nosotros somos. Puede ser que en un momento dado asumamos un personaje, pero sucederá que, debido a su falta de autenticidad, termine por caer esa careta.

No hay mejor consejo a la hora de comunicar, que poner lo mejor de nosotros mismos en la acción de contar algo a los demás.

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