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El miércoles 29 de mayo Alfredo Urdaci ofrece una Master Class en el Club Raheem, en calle Goya 18 sobre el «arte de hablar en público» A partir de las siete de la tarde, abordaremos los secretos de un buen discurso, de una presentación memorable, o los requisitos para construir un discurso que conecte, incluso a pesar de que tengamos que utilizar muchos datos.

En este artículo vamos a abordar algunas cuestiones clave para construir un buen discurso y llegar a la mente y al corazón de las personas que nos escuchan. Las claves se pueden aplicar a cualquier comunicación interpersonal. Cuando hablamos de discurso, en realidad nos estamos refiriendo a toda situación de comunicación.

1.-Autenticidad. Por lo general pensamos que cuando subimos a un escenario, cuando nos enfrentamos a una entrevista de trabajo, o cuando nos toca presentar un proyecto ante nuestro equipo, o ante un cliente, tenemos que «representar un papel». Pensamos que debemos ser actores. Y es un error. Lo más efectivo es ser uno mismo. Esto no quiere decir que no debamos trabajar nuestro modo de actuar, sino todo lo contrario. Si el ser uno mismo consiste en ser titubeante, inseguro e impreciso, debemos corregir esos errores con práctica. Ser uno mismo consiste en presentarse con sinceridad, en hablar desde el corazón, y conseguir que lo que digamos y hagamos forme una verdad potente y convincente. Un buen ejemplo en el cine lo encontramos en esta película de Will Smith

2.-Brevedad. Piense que el que se considera el mejor discurso de la historia dura apenas cuatro minutos. Lo pronunció Lincoln en Gettysburg, después de una batalla cruel, y ante un cementerio en el que estaba enterrado su hijo. El orador principal de aquella ceremonia habló durante dos horas. Sus palabras se las llevó el viento. Quedan las apenas 300 palabras de un discurso al que no le sobra nada. Cuando haya escrito el suyo, la primera tarea que debe emprender es la de limpiar, abreviar, eliminar párrafos y repeticiones hasta dejar su intervención en lo esencial. El esfuerzo del auditorio para escucharle será intenso. No podrán mantener la atención más de 20 minutos. Esa es la razón por la que las intervenciones de las famosas Ted Talks no duran más de 18 minutos.

3.-Cuenta una historia. Una buena historia. La grandes historias son concentrados de razón y sentimiento. Y tienen la virtud de ser recordadas. Desde el principio de los tiempos los humanos hemos transmitido conocimiento a través de relatos. Algunos tienen la capacidad de ser universales. Emocionan. Contienen una gran verdad, o varias. Y captan la atención. Cuando escuchamos aquello de «érase una vez…» todos prestamos atención. Hoy los oradores tienen que competir con los móviles. Haz que tu historia sea mejor que cualquier mensaje de WhatsApp que puedan recibir tus oyentes.

4.-Habla en tu lenguaje. Huye de la jerga. Sea cual sea tu profesión, habla para oyentes universales, habla con las palabras que utilizas con tus amigos, con tu familia. No emplees jerga. Que tus palabras no tengan ruido, que puedan ser comprendidas por cualquier oyente, en cualquier circunstancia. La jerga excluye y discrimina. Si no te entienden, no te van a seguir.

5.-Piensa en modo guion. La estructura de un discurso es muy importante. nuestros argumentos deben tener un orden lógico. Los retóricos han dedicado muchos tratados al estudio de las partes de un discursos. En el inicio uno debe conseguir que el auditorio atienda y le conceda el derecho de hablar. Para luego desplegar los hechos y razones que le llevan a defender una determinada tesis. Y para después terminar, habitualmente con una llamada a la acción que implica un tono emocional alto, intenso. Pensar nuestra intervención en modo guion nos ayudará a nuestro propósito. Recuerden que el mejor orador es siempre el que consigue lo que se propone a través de la palabra.

6.-No solo hables, ¡cuenta algo! Esto se traduce en ser ambicioso. NO te limites a hablar, busca una meta que esté por encima de cada uno de los individuos que componen tu audiencia: inspira un propósito alto. Esto quiere decir también que un orador debe dejar siempre una puerta abierta a la esperanza. Un discurso no puede consistir nunca en dejar sobre el escenario un problema sin aportar una solución, en expresar una queja sin añadirle una voluntad constructiva, en volcar una reclamación sin dibujar una salida.

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