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El próximo 13 de junio se celebra el Día Internacional del Cáncer de Piel. Una fecha muy adecuada si tenemos en cuenta que en estos días comienzan a abrirse las piscinas de buena parte de España. Y, aunque la mitad norte del país se encuentre inmersa en la borrasca Miguel, la otra mitad ya planea pasarse el fin de semana la sol. Si no quieres que eso se convierta en un problema para tu cuerpo, no dejes de escuchar a tu piel, ella también se comunica, en forma de sintomatología.

Los síntomas son la forma en la que nuestro cuerpo se comunica con nosotros y nos cuenta qué le pasa, qué padece y cómo se siente.

Síntomas y tipos

El tipo de cáncer de piel más conocido es el melanoma, sin embargo, esta enfermedad, muy extendida en la actualidad, puede tener diferentes formas. Desde apariciones de manchas en la piel, hasta el desarrollo de protuberancias que crecen rápidamente o la apertura de úlceras que no sanan en el plazo de tres meses.

Si hablamos de los melanomas, debemos estar muy pendientes de las nuevas manchas que aparezcan en nuestra piel. Sus características más habituales son: asimetría, bordes irregulares, diámetro superior a 6 mm y que cambian de aspecto en relativamente poco tiempo (entre unos meses y dos años).

Prestar mucha atención a estas señales es crucial en la lucha de una enfermedad como esta y que se dispara con los malos hábitos de las personas, sobre todo hábitos relacionados con el verano, estación en la que estamos a punto de entrar.

La importancia de la prevención

Con la celebración de este 13 de junio, la AECC y otros colectivos que luchan contra este tipo de enfermedades, se afanan por recordarnos que evitar la aparición de este tipo de cáncer es muy sencillo.

Aunque en una gran cantidad de casos, es una enfermedad con curación, si llevamos a cabo unos sencillos pasos, reduciremos notablemente la posibilidad de sufrirla:

  • Evitar exponerse a los rayos UV sin la debida protección. Esto incluye el sol directo pero también las cabinas de bronceado y otras fuentes de luz ultravioleta
  • Utilizar ropa y sombrero que eviten que la radiación solar incidan directamente sobre la piel.
  • Usar siempre protección solar abundante y adaptada a nuestro tipo de piel. Esto debemos tenerlo siempre en cuenta, no solo cuando estemos en la playa o la piscina, también para nuestro día a día.
  • Nunca tomar el sol en las horas centrales del día, cuando la radiación solar se encuentra en su momento más alto.
  • Estar pendientes de los factores de riesgo propios de cada persona, como los antecedentes familiares, tener muchos lunares en la piel, haber sufrido muchas quemaduras solares… son algunos de los aspectos que debemos tener siempre en cuenta a la hora de la prevención.
  • Hazte autoexploraciones para que detectes si se producen cambios o anomalías.

Ante cualquier tipo de señal que nos haga pensar en que sufrimos esta enfermedad, debemos acudir a nuestro dermatólogo, es imprescindible una exploración médica para confirmar o descartar cualquier tipo de problema.

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