Hombre de letras, escritor de discursos, autor del célebre Pompa y circunstancia, manual para anglófilos, Peyró se reconoce en la cita que esgrime en una de estas “Notas de cocina y vida”: “Para conocer bien el arte de la cocina no hay nadie como los hombres de letras: habituados a todas las exquisiteces, saben apreciar mejor que nadie las de la mesa”. La cita es de Dumas, y Peyró le añade una coda: “la literatura nos ha enseñado a comer; a veces, al entender la cocina como alegría de vivir, como filosofía epicúrea capaz de refinar todo hedonismo; a veces, como provocación, libertinaje o exceso; otras veces, en fin, con los escritores como codificadores del gusto y árbitros de civilización”

Comimos y bebimos recuerda a aquel Lo que hemos comido, de Josep Pla. Aquí también la cocina funciona como un pretexto (“la cocina me interesa para hablar de la vida y de los afectos”) y como una llave para entrar en los terrenos de la erudición, que es otra forma, llena de matices, de celebrar  la vida. En Comimos y bebimos hay notas llenas de recuerdos, nostalgia de lugares y placeres, y una geografía del gusto y de la buena educación. Lamenta el autor que entre los políticos esté de moda la frugalidad, la pechuga de pollo y la crema, como si el oficio de lo público fuera ahora una forma de convalecencia. Antes los políticos se anudaban un delantal y agarraban el cucharón con fuerza; ahora exhiben cuerpos de dieta y evitan los restaurantes de lujo, más peligrosos, según Peyró, que las saunas. 

El lector celebra la ironía de Peyró, su gusto por las palabras, su cultura prolija, su celebración del placer sin militancias ni dogmatismos y su advertencia del riesgo que suponen los escritores abstemios. Como dice en algún lugar del libro, el alcohol, y en especial la cerveza, son la prueba de que “Dios nos ama y nos quiere felices”. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here