A finales del año pasado 2018, el Banco Central Europeo, advirtió en su boletín económico que, para los próximos tres años, espera una desaceleración de la economía a nivel mundial.

Entre las principales causas están las retiradas de estímulos monetarios que tanto éxito han dado primeramente en los USA, y que tras el mismo, posteriormente pusieron en marcha otro países desarrollados, como la Unión Europea o Japón.

Europa ha sufrido una crisis importante en esta última década y la salida de la misma no ha supuesto, ni mucho menos, tasas de crecimiento elevadas.

Un horizonte de inestabilidad

En nuestro país, ahora que estábamos reduciendo sensiblemente la tasa de paro, nos encontramos con la posibilidad de que, tanto las mencionadas medidas como la inestabilidad originada por el Brexit  o las políticas arancelarias de la administración Trump y de China, desencadenen en un deterioro significativo de la actividad económica.

Si el escenario que se avecina es ese, volveremos a encontrarnos a medio plazo con reestructuraciones importantes de plantilla en nuestro país.

Y, ante esta situación, las Pymes tienen que dar un paso adelante e imitar a las grandes desarrollando una política estratégica de reestructuraciones de plantilla que sean viables y generosas con ambas partes.

En este sentido, y lo comento muy a menudo en reuniones y charlas con clientes, el hecho de que los trabajadores se vayan a casa gracias a una baja incentivada, con un elevado tanto por ciento del salario neto que percibían y de pensión de jubilación a percibir una vez llegado su momento, supone un clima laboral en la empresa de extraordinario valor.

Por otro lado, las políticas tradicionales de despido en un mundo digitalizado pueden afectar a la reputación de nuestra empresa  si se acometen de manera abrupta y sin sensibilidad alguna.

Una política de comunicación

Se trata de llevar a cabo medidas centradas en dos puntos que entiendo  van de la mano.

Por un lado, políticas de comunicación y, por otro,  de previsión.

En cuanto a la comunicación, creo vitales dos líneas: una política de comunicación interna, orientada hacia los trabajadores, que demuestre la honestidad de la decisión y la sensibilidad hacia el afectado y que lleve a un clima interno en la empresa incluso receptivo ante la posibilidad de entrar en algún proceso de reestructuración, dadas unas condiciones.

Por otro lado, una política de comunicación externa que demuestre que las medidas adoptadas, aún dolorosas, supondrán en un futuro inmediato más fortaleza y competitividad económica de la compañía.

Y por otro lado, una política de previsión consistente en dos partes:
una, en la que se hayan planificado con suficiente antelación dotaciones aportadas en momentos de bonanza a posibles futuras salidas de trabajadores, instrumentadas en pólizas aseguradas e inembargables.
Dos, asegurar los ingresos periódicos de aquellos trabajadores que prefieren estabilidad en los ingresos hasta el momento de su definitiva jubilación a la indemnización legal que les corresponda.

Con una planificación adecuada, no me cabe duda de que momentos difíciles como los que se avecinan serán sorteados de manera exitosa por nuestras Pymes.

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