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25

Jul

Mariano Rajoy, ante los jueces, o cómo minimizar los costes

Llega el día de la comparecencia como testigo del presidente Rajoy. Habrá dedicado horas a preparar las preguntas con sus abogados. Y supongo que unas cuantas reflexiones con su equipo de comunicación para pensar en cómo debe llegar (caminando a pie o entrando por el garaje), en qué decir al salir, en las actitudes, en los gestos, en las formas. Hay un precedente que nos puede servir como ejemplo. Como relato en “Manual urgente de comunicación”, el 26 de enero de 2005 Emilio Botín estaba  citado ante la Audiencia Nacional. Se abría el juicio oral sobre las jubilaciones que el Banco Santander había pagado a José María Amusátegui y a Ángel Corcóstegui. Los días previos, los abogados y el departamento de comunicación habían deliberado sobre esa circunstancia. Las preguntas eran idénticas a las que otros se hacen hoy. Podía entrar  por el garaje o hacer el paseíllo ante las cámaras de televisión. Eso forma parte de la llamada “pena de telediario”.

Muy pronto se planteó en el debate una alternativa inevitable. Donde los abogados suelen ver riesgo, los de comunicación podemos ver oportunidad. Winston Churchill decía aquello de que ante una situación ineludible lo mejor es afrontarla con entusiasmo. Eludir las cámaras a bordo de un coche con los cristales tintados es a menudo un error. La única imagen que tendrán las televisiones será la del circuito cerrado del tribunal, una imagen de mala calidad en una sala en la que cualquier testigo parece siempre un candidato a la condena. Planteadas las ventajas y los inconvenientes, las oportunidades y los riesgos, Emilio Botín eligió aparcar el coche a dos manzanas de la Audiencia, y legar caminando en una mañana áspera y fría. A ningún presidente, a ningún mortal, le agrada ese camino hacia los tribunales. Unos metros antes de la escalera le abordó una periodista de Europa Press: “No lleva usted abrigo, ¿no tiene frío?” “Pues no, me siento muy bien, joven y en forma”, fue la respuesta del banquero. “¿Cómo afronta este juicio?”, preguntó la periodista. El banquero responde: “Me va a permitir que primero hable ante el juez y luego a la salida estaré encantado de atenderle”. Poco después llegaron Amusátegui y Corcóstegui; berlina de color oscuro, cristales tintados, directos al garaje.

La vista oral terminó  a media mañana. A la salida le esperaba un tumulto. En cuanto vieron a Botín asomar por la puerta, los periodistas cruzaron la calle para recoger sus palabras. En la carrera  empujaron a una reportera de la agencia Efe que se habría estampado contra el suelo si el presidente Botín no la hubiera parado en su caída. La levantó, le preguntó si se encontraba bien, y cuando comprobó que no había sufrido heridas, atendió a los medios. Su mensaje fue claro, conciso, y directo: “Salgo tranquilo, con una profunda confianza  en la justicia española, y con la seguridad de que hicimos lo mejor para  el banco”. Nada más. Expresado con seguridad, confianza, y serenidad. El relato que hicieron las televisiones, las radios, y los periódicos, recogía la actitud de un hombre que no tenía nada  que ocultar, que no se escondía, que ofrecía una imagen de una rotunda franqueza.

Comparar nos obliga a saltar algunas distancias. Pero hecho el salto, en la experiencia y en la actitud de Emilio Botín hay algunas lecciones que a Rajoy le vendrían muy bien para  minimizar  el coste de tener que comparecer  en un caso de corrupción en su partido.

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  1. Interesante artículo…

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